Una patética y feliz canción de los Beach boys que decía algo así como: “don’t worry baby....everything...no se que”, sonaba desde el otro cuarto mientras ella desde el suyo encerrada y con el aire acondicionado prendido a 32 grados trataba de cortarse las venas correctas a una temperatura que ella calculaba, seria ideal para que la sangre saliera con mas confianza hacia el mundo exterior.
Al mismo tiempo, con la mirada perdida, decía en voz alta: “.todo lo que les debo son los peores momentos de mi vida”.
“Todo lo que les debo, son los peores momentos de mi vida”.
“Todo lo que les debo, son los peores momentos de mi vida”.
“Todo lo que les debo, son los peores momentos de mi vida”.
Tenia los pies fríos y las manos le temblaban.......hacia mucho frío...hacia mucho tiempo que hacia mucho frío.
También pensó en todas las veces en que pidió ayuda. Pero como nacemos solos, acá estaba ella, entendiendo que ahora que estaba muriendo, estaba más sola que nunca.
Y pensar que tantas veces se sintió tan sola. Pero ese era el momento mas privado de su vida.
Nadie sabía nada.
Nadie quiere saber ciertas cosas hasta que no llega la patada.
Entonces, tirada en el suelo con las piernas abiertas y estiradas, descansaba sin fuerzas con sus brazos desparramados en el espacio que les había tocado al caer, como una muñeca de trapo, vieja, que había perdido relleno, que ya había perdido varias cosas.
La respiración de aceleraba y sus pensamientos también, así como también pensaba que le quedaba porco tiempo para pensar.
El piso de madera se cubría de ese líquido casi negro y muy espeso.
Así descubrió como lucia su sangre ahora libre y sin sentido en un lugar al que no pertenecía. Se inclino sobre su moribundo plasma y se vio reflejada.
Sintió que lo entendía. Ella era sangre estancada en un piso que no la absorbía.
Salio de la habitación corriendo, tapo sus heridas con azúcar y trapos limpios y dijo:
“Tengo que moverme ya de este lugar”.

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