jueves, 25 de septiembre de 2008

LA NECESIDAD INTERIOR


Es de noche. Todos duermen. Acá cerca mío.
Me desperté hace un rato. Me desperté soñando. Estaba en ese estado intermedio en el que uno aprende de sus sueños. Y estos nos traen enormes revelaciones y luces que nos hacen pensar y cuestionarnos lo que nos esta pasando. Esta fue la primera etapa que puedo discriminar del proceso de identificación. Después de tanto darme vueltas en la cama; sacarme toda la ropa, (que me molestaba muchísimo) y pensar en voz alta; volví a vestirme y fui al baño. Descargué mi vejiga pero no sin antes observar mi propia cara en el espejo. Principalmente miré mis labios. Ahora me doy cuenta de lo tanto que me atraen mis labios. Fui a la cocina y mi abuela me había dejado toda la comida que podría interesarme ahí a la mano. Entonces comí. Bebí. Antes de todo esto había pensado (en algún momento) en lo deforme de mi situación noctámbula de la cual no me desprendo hace tantos años y de la cual no me interesa desprenderme. Entonces. Volví a la habitación en donde esta noche me tocó dormir. Y agradecí el haber venido esta noche a este lugar como consecuencia de un escape. A veces la situación de torna insoportable. No tengo ingresos económicos y vivo con dos energúmenos que gustan de aprovechar cualquier situación para denigrarme basándose en mi situación de “inadaptada social”. Y es gracioso. Porque siento que muy pocos deben de trabajar tan duro como yo para tratar de adaptarme a sobrevivir en esto que no voy a describir porque mi propósito ahora es otro. ¿En qué estaba?......Llegué a la habitación y pensé en hacer lo único que me quedaba por hacer. Volver a leer el libro de Kandinsky que no había podido leer antes de acostarme porque extrañamente me sentí cansada a las diez y media de la noche y tuve que cerrar mis ojos para poder dormir.

A medida en que fui leyendo (dos páginas), me di cuenta de que este libro era uno de los tantos precursores de la lucha contra la “razón” de la que los “modernos” se habían agarrado. Me sentí feliz de haber encontrado a un aliado. Y muerto, pero vivo en sus palabras. Que se hacían materia cuando el ya no lo era. Este libro fue mi compañero esta noche. Lo es. Pero ahora tengo que parar de escribir. Porque con el ahora discuto. Ya encontré un par de cosas que le discuto. En mi cabeza; porque aún no estoy lo suficientemente loca como para traer a este sujeto a mi lado y contarle lo que pienso sobre lo que escribió (aunque no estaría nada mal).

Ahora me siento trancada. Se acaba la tinta de mi lapicera y eso me altera. En fin.

Él habló de lo mismo de lo que muchos hablan.

De ese supuesto comportamiento que los monos tienen.

“El mono le copia al hombre”

¿El mono le copia al hombre?

¿Quién fue primero? ¿El huevo o la gallina?

El hombre molesta al mono.

El hombre tiene armas que pueden destruir al mono.

Entonces el mono se adapta como puede al hombre.

Porque el mono le sobrevive al hombre.

El hombre es tan pobre de autoestima que necesita pensar que alguien lo imita.

Es tan fácil copiar como pensar que nos están copiando.

Entonces, igual lo perdono Kandinsky....Porque usted defiende la ley de la necesidad interior. Entonces, no se contradice.

Nota: La contradicción es bienvenida; pero en algún momento, hay que saber parar de escribir.

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